Que pasen cosas buenas con Marian Rojas

Actualizado: 6 abr 2020

EN BUSCA DE SENTIDO / ENCUENTROS




La gente no sabe qué quiere que le pase Empecé a estudiar el factor suerte, ¿por qué hay gente que siempre le pasan cosas buenas?, escuchas su vida y dices “pero bueno es increíble” y admiras su biografía, y hay otras personas a las que vas escuchando, observando sus biografías y dices “Qué drama. Qué mala suerte ha tenido. Todo lo negativo le ha ido sucediendo a lo largo de su vida”.


Me hice la pregunta: ¿la suerte existe? ¿Es un tema científico, emocional, azar, espiritual? Yo como psiquiatra busco mucho la base científica de las cosas. Tengo la psicología, el humanismo por un lado y lo integro con la neurociencia, y entonces empecé a darme cuenta de algo que todos sabemos: a veces nos cuesta darnos cuenta de ello, que la felicidad no es lo que me pasa sino cómo lo interpreto, es decir la misma realidad que un día me irrita, otro día me hace feliz.


La misma realidad que un día me mete en el mejor de mis estados anímicos otros días me hunde, ¿y de qué depende eso? Yo hablo de tres factores.


Uno, es el sistema de creencias, todos nosotros tenemos unas ideas en nuestra mente sobre cómo deben ser las cosas o cómo deberían ser las cosas: cuánto debería ganar, cuántos seguidores debería tener en las redes, qué tipo de pareja debo tener, qué calificaciones-qué notas deben sacar mis hijos, es decir ahí nuestro sistema de creencias.


Si yo de repente estoy escuchando una conversación y hay un tema que sale o me puedo poner en modo alerta o me pongo en modo relajación, disfrute o yo me pongo tenso, ¿por qué? por mis ideas religiosas, políticas o de la propia vida interpreto eso de una manera.


Lo segundo que hace que mi interpretación de la realidad sea de una manera u otra es mi estado de ánimo. Si yo un día, me han dado una buena noticia, me han dicho que me ascienden en mi negocio y que me pagan más aunque en ese día me den una mala noticia porque mi hijo no ha sacado bien sus calificaciones, no me importa porque estoy contento, es decir mi estado de ánimo altera mi interpretación de la realidad.


En España por ejemplo, el fútbol modifica el estado de ánimo muchísimo. Yo recuerdo cuando ganábamos el mundial de fútbol, al día siguiente en el hospital donde yo trabajaba entre la gente, entro los amigos, todo el mundo se quería por la calle, la gente se saludaba, había un ambiente, daba igual que tu negocio no te fuera bien porque España había ganado.


Y lo tercero es una zona del cerebro que denomina sistema reticular activado ascendente. El nombre es terrible, pero la función es mágica. Yo siempre explico de una manera muy sencilla: la mujer embarazada empieza a ver carritos de bebé y mujeres embarazadas por la calle, el hombre que se lesiona empieza a ver gente con muletas o gente con el brazo escayolado por la calle, ¿por qué? ¿Es porque de repente yo he puesto de moda tener bebés y en mi barrio o en mi ciudad todo el mundo se pone a tener bebés? la respuesta es no.


Lo que sucede es que en la zona de mi cerebro en el tallo encefálico que tiene este nombre tan terrible, que lo que hace es filtra todo lo que llega de la realidad y capta sólo aquello que me interesa; por eso se dice aquella frase que “lo que el corazón desea de verdad, la mente se lo acaba mostrando”. Cuando tú buscas algo, cuando tú quieres algo con mucha fuerza, tu mente hace todo lo posible por encontrar eso que tú buscas.


¿Cómo afecta nuestra forma de pensar?


Lo primero que tenemos que saber es que nuestro cerebro cada vez que se pone modo alerta activa una sustancia que es el cortisol, que es una hormona que es buena porque en dosis pequeñitas nos ayuda a hacer frente los desafíos, pero cuando yo vivo constantemente alerta me intoxico por cortisol, estoy todo el rato segregando cortisol y eso me puede llegar a enfermar.


¿Cuál es el problema? que hay actitudes del siglo XXI que hacen que segreguemos cortisol constantemente, que nos llevan a modo alerta y uno es la cronopatía, pathos: enfermedad, -crono: del tiempo.


Es gente que está constantemente con una actividad frenética, que no puede dejar de realizar o de planificar temas para hacer y esto trate un problema porque entonces nuestro cerebro es incapaz de relajarse.


Hoy en día sabemos que el problema no está tanto en hacer muchas cosas, sino en no ser capaz de frenar y disfrutar del silencio, el no ser capaz de disfrutar de la serenidad, de un momento de aburrimiento, ¿por qué? porque es en el aburrimiento donde nace el asombro, y la curiosidad y las ganas por aprender.


Ningún genio ha descubierto nada grande en un momento frenético de actividad, en un momento de estrés; todos los grandes de la historia lo han descubierto en un momento de paz y serenidad donde era capaz de desconectar de toda la actividad frenética del exterior y conectar con su interior para poder crecer.


La ansiedad es a la mente lo que la fiebre es al cuerpo


La sociedad oriental es una sociedad mucho más enfocada a lo interior y la sociedad occidental a lo exterior, a la imagen, a la actividad, y al momento en el que hay que frenar y meterse en el mundo interior hay una resistencia.


Lo segundo que es clave es que muchas de las enfermedades son un hardware del 50-60% de las enfermedades emocionales sin resolver, y esto es la clave porque hay una fundamental: nuestra mente y nuestro cuerpo no distinguen lo que es real de lo que es imaginario.


Ante una amenaza física real, es decir que me ataquen por la calle o ante el pensamiento de “y si me atacan por la calle”, se te activa el mismo sistema de alerta con esa hormona del cortisol que hace que mi organismo va a estar constantemente en ese modo alerta y me va a producir una incapacidad de relajarme.


Si nosotros no lo conocemos, el problema que tenemos es que nuestro cuerpo nos empieza a mandar señales físicas, psicológicas y de comportamiento.


Nivel físico, cuando estoy intoxicado por cortisol, mi cuerpo se empieza a inflamar porque el cortisol es un potente antinflamatorio, pero cuando yo estoy segregando cortisol a todas horas, se produce como una disociación entre el mensaje de alerta y el mensaje del sistema inmunológico, y lo que hace es que en vez de empezar a funcionar el sistema antinflamatorio, me empiezo a inflamar:


Gastritis, gastronteritis, amigdalitis. Hoy en día el siglo XXI es la sociedad de la inflamación, la gente va inflamada por la calle y una de la razones tiene que ver con el modo de vida que llevamos; ese sistema de alerta constante que tenemos activado: se me empieza a caer el pelo, la piel se me irrita, tengo problemas intestinales, por qué, porque si yo estoy en modo alerta, mi sistema digestivo está rodeado de una gran red neuronal, yo le aviso que estoy en guerra, que estoy en alerta, dónde lo que como no se digiere bien porque es como si yo estuviera... como si a mí me atracan por la calle y automáticamente se me va el apetito.


Pero si yo vivo constantemente con esa sensación empiezo a inflamar mi sistema digestivo, empiezo a producir heridas en la pared del intestino, cambia la permeabilidad y pasa una colitis (inflamación del colón) ulcerosa, las pequeñas heridas y por esas colitis ulcerosas, por esas heridas van pasando algunos alimentos que no deberían entrar en el torrente sanguíneo y hoy en día sabemos que están la base de muchas enfermedades neurodegenerativas.


La necesidad de validación social


Una cosa que siempre trato es de resumir la complejidad de lo que nos está pasado en el siglo XXI.

La cronopatía, la enfermedad del tiempo, la necesidad constante de hacer cosas, la necesidad de controlarlo todo; es una sociedad que todo lo mide, que todo lo calcula, el impacto que voy a tener en algún lugar, qué voy a hacer, dónde voy a veranear, mis seguros de vida, y entonces el 90% de las cosas que nos preocupan nunca jamás suceden, pero nuestro cuerpo, nuestra mente lo viven como si fuera real.


El control es mi necesidad de saber qué va a pasar en el futuro y adelantarme a ello; siempre me pongo en el peor de los escenarios y eso me lleva a enfermar.

El perfeccionismo agravado por las redes sociales. El perfeccionista por definición es el eterno insatisfecho; nunca nada está a la altura de lo que uno quiere. Uno nunca entrega su tesis doctoral, su casa no está bien limpia del todo, sus trabajos, los informes, porque todo es digno de ser mejorado y vivo en un estado de alerta constante para ver los defectos.

La pantalla, ¿por qué?, ¿qué nos llega a la pantalla de inicio de nuestro teléfono? alertas. Si encima se llaman alertas, lo que hace es que yo nunca esté relajada, nunca estoy relajado porque siempre llega algo que atenta a mi seguridad, mi instinto de supervivencia, una noticia mundial puede pasar que rompa mi estabilidad económica social, a nivel de mi instinto social no me quieren, no me contestan; mi autoestima, he subido una foto, pero a nadie le ha gustado porque han pasado 3 horas y nadie me ha puesto un like, es decir, vivo alerta, no me siento querido, no me siento apoyado o algo negativo puede suceder en mi entorno.


La felicidad depende del sentido que le damos a la vida, y cuando uno pierde el sentido de la vida, cuando uno no encuentra un sentido a su vida, sustituye sentido por sensaciones, que no tienen por qué ser malas, puede ser comida, alcohol, drogas, sexo, pornografía, redes sociales.


No tienen por qué ser malas, pero son negativas cuando sustituyen el verdadero sentido del hombre, ¿por qué? porque si esas sensaciones me sirven solo para llenarme, como son cosas perecederas que van a ser de dopamina que es la hormona del placer, lo que hacen es generarme un gran vacío y ese vacío me lleva a una sensación de vacío interior que me lleva muchas veces a conductas auto-destructivas.


El problema es que nos hemos convertido en drogodependientes emocionales. Somos adictos a experiencias vibrantes, somos adictos a emociones, nos movemos por emociones y cuando no tenemos ese sentido de que los japoneses llaman ikigai (sentido de vida), somos profundamente infelices.


Los japoneses son personas que viven muchos años y los americanos han investigado por qué son los seres del mundo que se mueren cada año el más longevo, se han ido a Japón a investigar qué pasa y en Japón hay una isla que es la isla de Okinawa donde todos los años muere la persona más mayor y ellos te responden con Ikigai, que en japonés significa propósito de vida o sentido de vida.


Cuando uno tiene un sentido de vida sabe por qué se levanta cada mañana, sabe cuál es el sentido global de su existencia, su cerebro vive más tiempo y vive mejor porque se ha visto que mejora el sentido inmunológico, mejoran las condiciones neuronales y globalmente quizá es un protector para el envejecimiento y para las enfermedades mentales.


¿Cómo hacer que las cosas buenas pasen?


Para que te pasen cosas buenas lo primero que tienes que hacer es conocerte: quién soy yo, es decir cuando uno no sabe quién es uno mismo, uno se enfrenta al mundo que está lleno de desafíos, retos, de cosas buenas, de cosas malas y sufre excesivamente: ¿quién soy yo?

Lo segundo es comprender por qué soy así, es mi genética, son mis padres, es mi biografía, son mis traumas, son mis circunstancias.


Lo tercero es comprenderme y aceptarme, es decir, cuando yo me comprendo es más fácil que acepte mi físico, que acepte como fue mi infancia, que acepte mi biografía, y entonces entro en el cuarto paso que es la superación.


Cuando yo me puedo ir superando estoy en el momento en el que me pueden empezar a pasar cosas buenas. Cuando yo me supero y yo me voy entendiendo, tengo que entender si yo soy de esta manera cuáles son mis factores de estrés.


Voy a darte un ejemplo que yo creo que es mucho más sencillo, imaginémonos una mujer que es tímida, que le da muchas vueltas a las cosas y es muy muy sensible y sufre mucho con todo, esa mujer ante el estrés le pasa una serie de cosas: la mujer sensible ante el estrés se convierte en una persona muy vulnerable porque llora, de repente tiene altibajos; la persona que le da vueltas a las cosas, que está estresada entra en lo que decimos en España, a los pensamientos en bucle:


¿por qué hice esto?¿por qué tomé esta decisión?, no debería haberme puesto a trabajar en esta empresa, no debí haber hecho esto, lo otro, y sufre muchísimo por esos pensamientos en bucle.


La persona tímida cuando está estresada, se bloquea, tiene un bloqueo, está en un sitio y no habla, en su trabajo rinde peor, entonces si esa mujer que ya conoce cómo es que sabe que es, que sabe bajo sus factores de estrés se convierte en esta manera y cuando está bloqueada le puede dar un ataque de pánico y como es muy sensible tiene estados depresivos; ella va el psiquiatra y le dan algo de medicación para los ataques de pánico y para el estado depresivo, pero que tiene que trabajar en su forma de ser y en sus factores de estrés.


Supongamos que esta mujer me dice: “Marian, mis factores de estrés son: ver a mi ex marido, porque cuando lo veo me pongo en estado de alerta; otro factor de estrés es ver mi cuenta corriente y ver que no tengo dinero para llegar a fin de mes; y otro de mis factores de estrés es ir a actos sociales donde hay mucha gente porque me agobio”, si con esa persona trabaja sus factores de estrés, su forma de ser, el día que le dé un ataque de pánico, dirá: “es que otra vez vi a mi ex marido, no había dormido bien, ahora lo entiendo” y cuando uno se comprende se siente aliviado.


Comprender es aliviar. Para que te pasen cosas buenas: conocerte, tener un plan de vida, un sentido de vida, y activar tu sistema reticular activador ascendente, esa zona del cerebro que cuando hay algo que yo deseo con mucha fuerza, hace todo lo posible por enseñármelo. No es magia, es ciencia.