No, todo no es urgente...




No, todo no es urgente...

Por: Elena Puig


Si todo fuese realmente urgente no podríamos vivir.


Sé que cuesta a veces priorizar lo que tenemos pendiente. Lo sé. Me pasa. Pero eso no quita que debemos intentar organizarnos. Con antelación.


Apunta algo: si improvisamos es más fácil, mucho más fácil, que acabemos con esa sensación de haber procrastinado. La sensación de pensar en lo que hablábamos en el post anterior, la sensación de haber perdido el tiempo... cuando en realidad, hoy, de lo que hablamos es de cuando me estoy preguntando "Pero si voy que pierdo el culo y no he acabado nada de lo que tenía que haber acabado..."


Si te suena la frase... planificación por favor.


¿Lo intentamos?


Quien quiera que aporte aquí lo que le sirve para no acabar el día pensando en el famoso... "soy un desastre".


Aquí nada de desastres. Somos personas en construcción.


Y tú aquí sumas. Siempre.


Procrastinar, sea como sea, es una cuestión de evitación. Evitamos porque

1. nos aburre algo

2. nos da miedo o

3. es demasiado complicado


En el primer caso se trata de asumir que hay cosas muuuuuy aburridas en esta vida, pero toca hacerlas.


En el segundo caso se trata de asumir que hay cosas que dan mucho miedo, pero que abordarlas nos puede hacer crecer.


Y en el tercer caso se trata de asumir que si la vida fuese toda muy fácil, no estarías ni aquí leyendo porque no habrías aprendido.


Pero ojo, para procrastinar no es necesario ponerse a no hacer nada. Nooo. Que una puede procrastinar y ser la reina del rendimiento y la crack en hacer cosas y más cosas.


Evitar algo es lo que nos convierte en procrastinadoras. No la acción que viene detrás.