¿La autocrítica te persigue? ¿o tú persigues la autocrítica?



¿La autocrítica te persigue? ¿o tú persigues la autocrítica?

Por: Elena Puig


La autocrítica demonizada. Cuando, como todo, en su justa medida es un motor de cambio potentísimo.

La autocrítica te permite avanzar. Te permite ver donde todo te parece oscuro. Te permite poner orden en el caos. Te permite tomar el control de las situaciones. Y sobre todo, te permite escucharte.

Hoy os digo que no es lo mismo perseguir tú a la autocrítica -¿qué ha podido pasar aquí? ¿Qué podría mejorar? ¿Cómo lo puedo hacer a la próxima?- que permitir que sea la autocrítica quien te persiga a ti -qué desastre, nunca lo haré bien, me tenía que pasar a mí, no está perfecto, qué angustia lo que he hecho-.

Cuando ella te persigue no te deja vivir. Está todo el día en modo ON. Es la voz que no se calla, que critica, que juzga, que no da nada por bueno, que siempre quiere más. Extenuante.

Cuando eres tú quien la persigue, eres tú quien la conecta. El modo ON lo enciendes tú y, sobre todo, lo apagas tú. Sobre todo, lo apagas tú. No, no me he equivocado poniendo la frase dos veces. Es para que nos quede claro.

Cuando tú enciendes y tú apagas, tú tienes el control.

Que algo sea extenuante te da la pista que ese “algo” está en exceso. Problema a la vista.

Que algo tú lo puedas encender y apagar te da la pista que ese “algo” te sirve para construir.

De eso se trata. De la medida. Del uso. De la potestad y voluntad sobre el uso.

Los ejemplos de hoy sirven para ver todo esto con claridad. En el primer caso, la voz se conecta y no aporta NADA. En el segundo caso, soy yo que activo la voz para que me aporte VALOR.

Espero que os sirva. A practicar si soy quien la persigue o si me siento perseguida por ella. Os aseguro que podéis pasar de sentiros un desastre permanente a sentir que vuestra vida va cambiando poquito a poco.