Educar en los sentimientos con Enrique Rojas


Educar es sacar lo mejor que una persona lleva dentro de sí. Hay una observación que quiero hacer llegado a este punto,  los padres no podemos pretender que nuestros hijos practiquen cosas que nosotros no hacemos. 

Un buen padre vale más que 100 maestros y una buena madre es como una universidad doméstica. Entonces, cuando unos hijos han crecido en un ambiente en donde los padres, sin ser perfectos, huyendo de las utopías, sino que han procurado ser coherentes y han educado a sus hijos en esa línea, esos hijos salen fuertes, sólidos, consistentes. 


Hoy la educación muchas veces se espera que se haga en los colegios o en la universidad. 


En esos sitios se da información, medicina, derecho, filosofía, farmacia pero la formación educativa tiene que nacer en la familia, en donde es muy importante, y los padres ofrecer modelos de identidad.


¿Qué es el modelo de identidad? Es alguien que aparece delante de mí, sugerente, atractivo, interesante y que a mí me gustaría imitarlo, esa es la clave ¿Cuáles son los modelos de identidad hoy? Pues muchos de esos modelos rotos, pensemos por ejemplo la Revista del Corazón que está tan de moda, gente que tiene una vida afectiva errática, pensemos en los futbolistas en España por ejemplo o en Inglaterra o en Italia ¿Por qué se llevan tanto los tatuajes? ¿son bonitos los tatuajes? se copian, se copian de forma acrítica. Entonces, esa es la clave: tener modelos de identidad atractivos que empujen a sacar lo mejor de uno mismo.


Dices que educar los sentimientos es conseguir que tenga una afectividad estable y que difícil es entender, no solo entender sino practicar la afectividad en casa. Es la primera fuente educativa dices la casa, el hogar, la primera escuela de vida.


Efectivamente educar los sentimientos significa enseñarle a nuestros hijos y a nosotros mismos por supuesto a gobernar el mundo afectivo desde dar las gracias, pedir perdón, sonreír, sintonizar con alguien que sufre, comprender al otro.


Comprender es aliviar, comprender es ponerse en el lugar del otro. Yo hice mi tesis doctoral sobre el suicidio cuando yo era joven en el año 77, yo estudié 213 intentos de suicidio, fue mi tesis doctoral que me costó mucho trabajo publicarla porque en aquel tiempo, en la época de Franco parecía que no había suicidios en España. 


En este momento una de las grandes epidemias en Francia son el suicidio juvenil. Gente joven perdida, rota que una vez que se suicida, pensemos en una forma de suicidio son las drogas. 


Las drogas han venido para quedarse, ya no existirá nunca un mundo sin drogas. Entonces si esta es la sociedad, una sociedad apasionante, interesantísima, repleta de cosas buenas. 


Pensemos lo que es el móvil, el celular; pensemos lo que son las redes sociales. Yo estaba hace poco en Santiago de Chile, 13 horas y media en un avión de Iberia oyendo a Mozart, tomando un vino joven del año que nació usted, en el avión. Un avión que no se mueve y cruzándolo en la Cordillera de los Andes y al mismo tiempo de estos grandes avances tanta gente perdida, tanta gente desorientada ¿Qué es estar desorientado? No saber a qué atenerse.