12 formas de controlar la ira




12 formas de controlar la ira

Por: Daniel Colombo


Todos tenemos días difíciles, donde nos enojamos y quizás hasta nos excedemos en la forma en que tratamos a los demás, es decir, maltratamos. Luego, cuando tomamos consciencia, posiblemente sentimos culpa y tomamos acciones correctivas para subsanar ese estado. Hasta aquí, terreno conocido por todos.


Sin embargo, hay personas que están cargadas de ira, que -sin tener ninguna enfermedad, como las bipolares- pasan a tener estallidos de violencia y agresividad realmente atemorizantes.

La ira es una de las cinco emociones básicas de los seres humanos (las otras son el miedo, la tristeza, la sorpresa, el asco y la alegría).


De todas quizás sea una de las más dañinas, porque más allá de lo que produce en los demás y en uno mismo este estallido emocional incontrolable, quedan marcas y huellas que pueden perdurar por siempre.

Por lo general, encierra una gran violencia basada en la irritabilidad extrema, furia, o resentimiento muy acentuado hacia otra persona o situación, que desencaja por completo el sistema de auto regulación emocional de la persona.


En entornos de convivencia, la ira representa un peligro para la integridad mental, física y psíquica de las personas, siendo frecuente que observemos las consecuencias adicionales en forma de golpes, arrojar objetos, romper puertas y cualquier otro tipo de manifestación de una gran agresividad fuera de control.


• Lo que dice el cuerpo cuando tienes ira


En el momento previo y durante la duración del episodio de ira, se incrementa la presión arterial, las hormonas del estrés en niveles máximos de adrenalina y noradrenalina y se acelera notablemente el ritmo cardíaco. Por ese flujo acentuado en la sangre la persona se pone colorada, y además, su cuerpo se pone tenso, los músculos se contraen, la respiración se hace muy superficial en el nivel superior de los pulmones (corta, rápida, casi como un bufido) y, como una furia incontenible, la energía interna se eleva de modo amenazante. Mandíbula tiesa, mostrar los dientes, puños cerrados, son algunas de las formas en que se presenta.


Este estado disminuye notablemente la capacidad de raciocinio, y aparece el impulso primitivo reptiliano de afrontamiento y huida, es decir, de atacar o escapar de un peligro que la persona interpreta y que le genera emociones como miedo, inseguridad, pérdida de algo, o se siente lastimada o vulnerada de alguna forma.


La ira produce graves consecuencias físicas, como problemas coronarios (ataques al corazón, por ejemplo) y gastrointestinales, alteraciones del sueño; y psíquicas, como desordenes de personalidad y comportamiento, que deben ser abordados por un profesional de la salud mental.


• Las pequeñas iras cotidianas


Un berrinche en la infancia, la permanente mala contestación en una conversación regular, un estallido emocional ante algo que consideramos injusto, son expresiones de los matices emocionales totalmente espontáneas y medianamente aceptables si no se agrede al otro y a sí mismo. Algunos ejemplos son niveles leves de enojo, rabia o irritación, por ejemplo. Generalmente se auto regulan luego de algunos minutos.


En el caso de la ira, y sobre todo en temperamentos en personas con esta tendencia a sobre reaccionar a las cosas, irrumpe en automático sobre todo cuando ella misma se ha planteado un escenario mental que no coincide con la realidad. Es decir que cuando se siente una amenaza a sus fines, puede reaccionar con ira.


• 5 tipos de ira


La psicología ha identificado al menos cinco tipos de esta manifestación humana:

1) Ira por impulso o defensa: aparece cuando algo te resulta muy desagradable e inaceptable. Te pones en modo cólera y respondes en forma automática, buscando desprenderte y anular o aniquilar ese impulso. Por ejemplo, cuando te insultan o recibes una acusación que consideras injusta.


2) Ira reprimida: generalmente deriva en una explosión. Al meter el enojo o disgusto en una olla a presión, ésta estalla de la peor forma. Se produce cuando algo la detona, o ya no se puede aguantar más la situación que la persona interpreta que la provoca. Como consecuencia, hay angustia, ansiedad, alejamiento del círculo directo de personas, entre otros sentimientos. Por ejemplo, se da cuando no se sabe expresar los sentimientos en el momento oportuno, evitar decir que “no” para complacer a los demás o aceptar situaciones con las que no estás de acuerdo, aunque no sabes cómo gestionarlas.


3) Ira por falta de satisfacción de necesidades: el mejor ejemplo son los bebés que hacen un berrinche si tienen hambre, o se sienten desprotegidos. Los adultos también suelen ponerse así ante el hambre y el cansancio. Este estado suele ser momentáneo y, una vez saciada la necesidad, la persona se auto regula. Es una emoción básica creada para nuestra supervivencia.


4) Ira espontánea: aparece cuando la persona siente que algo la daña, y responde agresivamente. Cuando el detonante se neutraliza, la ira se va paulatinamente. Es un mecanismo natural de sobrevivencia, que ha sido muy útil en la era prehistórica.


5) Trastorno explosivo intermitente: en este caso, la ira aparece sin motivo alguno; el estallido es espontáneo y contundentemente violento (por ejemplo, arrojar un objeto contra la pared), pero no viene precedido de señales como el enojo, sino que se pasa directamente a la manifestación de la ira. Ocurre, daña y se esfuma. Luego, puede venir la confusión, impotencia interna por no poder controlar esos impulsos, y un intenso sentimiento de culpa, que, a veces, lleva a pedir disculpas a los afectados, aunque cuando se está sereno se sabe que eso no compensa el daño emocional que se ha infligido a los demás.